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Las memorias de Auster

Redacción

tmenendez

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Jueves 18 de Junio de 2015 - 15:32
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Por Allen Panchana Macay 
 
Es como entrar al lugar más íntimo, aquel cuidado con recelo y escoltado con la desconfianza de vigías invisibles. Es, como en un momento de debilidad, abrir el corazón. Un relato autobiográfico permite conocer la esencia del escritor, sus sueños y, sobre todo, frustraciones. 
 
Paul Auster (New Jersey, 1947) hace un repaso de su vida en “A salto de mata”, una obra de 171 páginas que cala hondamente, porque dibujan a un escritor comprometido, sencillo, cercano: “Si se construye un mundo tan primitivo como para convertir a Darwin en el principal filósofo y a Esopo en el mayor poeta, ¿qué otra cosa puede esperarse? Es como la selva, ¿no? No hay más que ver la publicidad de la Dreyfus, con el león paseándose en medio de Wall Street. ¿Podía ser más claro el mensaje? Comed o sed comidos. Es la ley de la selva, amigo mío, y si no lo aguantas mejor será que te largues mientras puedas. Yo me largué antes de entrar”. 
 
Y Auster desembarcó en su propio mundo. ¿Por qué seguir los convencionalismos? Literalmente, navegó contra corriente: trabajó en un barco petrolero como el tripulante peor pagado, se inventaba juegos de cartas que nunca se vendieron, escribió novelas que nadie quería. No tenía cómo apañárselas, perdió su matrimonio y, aun así, no se doblegó. 
 
“Pese a todo, seguí adelante y dejé la universidad. No tuve absolutamente ningún temor, no sentí el menor espasmo de vacilación ni de duda, y me tiré del trampolín con los ojos bien abiertos. Esperaba que la caída fuese dura pero, en cambio, me encontré flotando en el aire como una pluma, y durante los meses siguientes me sentí más libre y feliz de lo que nunca había sido”. 
 
“A salto de mata”, crónica de un fracaso precoz (título original: Hand to Mouth. A Chronicle of Early Failure), se publicó por primera vez en 1997. A mis manos acaba de llegar una edición de este año.  Y en esta breve memoria he podido conocer más al afamado autor de Mr. Vértigo, La trilogía de Nueva York o Brooklyn Follies. Para Auster, el escritor no “elige una profesión”, como el que se hace médico o policía. No se trata tanto de escoger como de ser escogido, “y una vez que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida”. 
 
Por suerte, las letras escogieron a Paul Auster.  Por suerte, el planeta también arroja seres con una sensibilidad enorme para sentir y contar historias. Por suerte, hay quienes no creen en la ley de la selva.   
 
*La reseña de esta obra va dedicada a dos mujeres que –como Auster- tienen una sensibilidad enorme: Alina Manrique (@alma1307) e Ivonne Guzmán (@IvonneGuzmn). Ella, de esos seres únicos, en cuyos ojos se devela el mundo. Gracias. Y también infinitas gracias a un querido amigo que, tal vez sin proponérselo, con unas líneas reflexivas y de aliento, me motivó a escribir sobre este tema. 
 
Por Allen Panchana

Por Allen Panchana Macay 

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Es como entrar al lugar más íntimo, aquel cuidado con recelo y escoltado con la desconfianza de vigías invisibles. Es, como en un momento de debilidad, abrir el corazón. Un relato autobiográfico permite conocer la esencia del escritor, sus sueños y, sobre todo, frustraciones. 

 

Paul Auster (New Jersey, 1947) hace un repaso de su vida en “A salto de mata”, una obra de 171 páginas que cala hondamente, porque dibujan a un escritor comprometido, sencillo, cercano: “Si se construye un mundo tan primitivo como para convertir a Darwin en el principal filósofo y a Esopo en el mayor poeta, ¿qué otra cosa puede esperarse? Es como la selva, ¿no? No hay más que ver la publicidad de la Dreyfus, con el león paseándose en medio de Wall Street. ¿Podía ser más claro el mensaje? Comed o sed comidos. Es la ley de la selva, amigo mío, y si no lo aguantas mejor será que te largues mientras puedas. Yo me largué antes de entrar”. 

 

Y Auster desembarcó en su propio mundo. ¿Por qué seguir los convencionalismos? Literalmente, navegó contra corriente: trabajó en un barco petrolero como el tripulante peor pagado, se inventaba juegos de cartas que nunca se vendieron, escribió novelas que nadie quería. No tenía cómo apañárselas, perdió su matrimonio y, aun así, no se doblegó. 

 

“Pese a todo, seguí adelante y dejé la universidad. No tuve absolutamente ningún temor, no sentí el menor espasmo de vacilación ni de duda, y me tiré del trampolín con los ojos bien abiertos. Esperaba que la caída fuese dura pero, en cambio, me encontré flotando en el aire como una pluma, y durante los meses siguientes me sentí más libre y feliz de lo que nunca había sido”. 

 

“A salto de mata”, crónica de un fracaso precoz (título original: Hand to Mouth. A Chronicle of Early Failure), se publicó por primera vez en 1997. A mis manos acaba de llegar una edición de este año.  Y en esta breve memoria he podido conocer más al afamado autor de Mr. Vértigo, La trilogía de Nueva York o Brooklyn Follies. Para Auster, el escritor no “elige una profesión”, como el que se hace médico o policía. No se trata tanto de escoger como de ser escogido, “y una vez que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida”. 

 

Por suerte, las letras escogieron a Paul Auster.  Por suerte, el planeta también arroja seres con una sensibilidad enorme para sentir y contar historias. Por suerte, hay quienes no creen en la ley de la selva.   

 

*La reseña de esta obra va dedicada a dos mujeres que –como Auster- tienen una sensibilidad enorme: Alina Manrique (@alma1307) e Ivonne Guzmán (@IvonneGuzmn). Ella, de esos seres únicos, en cuyos ojos se devela el mundo. Gracias. Y también infinitas gracias a un querido amigo que, tal vez sin proponérselo, con unas líneas reflexivas y de aliento, me motivó a escribir sobre este tema. 

 

 

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