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A la caza de Eichmann

Redacción

tmenendez

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Jueves 14 de Mayo de 2015 - 14:48
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Por Allen Panchana Macay 
 
Adolf Eichmann era esquivo. Lo había sido por 15 años tras el fin de la II Guerra Mundial (1945). El otrora poderoso teniente coronel de las SS del Tercer Reich escapó de una Alemania convulsionada, de una Europa que despertaba, a un continente lejano. Pero la sed de justicia del naciente Estado de Israel permitió encontrar a uno de los peores asesinos de la historia. 
 
“A la caza de Eichmann” (Debate, 2012) se lee casi sin pestañear. El sagaz periodista estadounidense Neal Bascomb revela cómo una banda de sobrevivientes y una joven agencia de espionaje (Mossad) atraparon en Argentina a uno de los nazis más famosos del mundo. Y lo hace en una obra ampliamente documentada, párrafo a párrafo, pero que está escrita como un alucinante thriller, superando la ficción de Stig Larson o Tom Clancy. La investigación de Bascomb puede ser una tesis doctoral o una novela policiaca. 
 
“Eichmann se dedicó a su nuevo trabajo con su vigor característico. A su modo de ver, él no había decretado el aniquilamiento, pero era responsabilidad suya que se ejecutase con éxito. Cuantos más judíos enviaba a los campos de exterminio, mejor quedaba ante sus superiores y mejor servía al Reich. Eichmann se lució en la tarea, enviando a su destino fatal a millones de judíos de toda Europa. Pero a cada reto, a cada victoria, se obsesionaba más con su trabajo, se convencía más de la importancia de su tarea y dependía más del poder que ostentaba sobre la vida y la muerte”. 
 
El teniente coronel de la SS, Jefe de la Sección IVB (transporte) de la Oficina Central de Seguridad del Reich, fue responsable directo de la llamada solución final, un burócrata implacable que le aplicó una lógica de línea de producción al traslado de prisioneros a los campos de concentración.  
 
Eichmann logró eludir el juicio en Núremberg. No encontraron rastros de él por varios años, “había ocultado su identidad con tal pericia que los agentes del Mossad posicionados en la calle Garibaldi no estaban totalmente seguros de que fuese el hombre que pretendían capturar”. 
 
Pero aquel distante hombre que vivía en Buenos Aires era el asesino nazi más buscado. Y el Mossad armó un operativo para sacarlo de forma sorprendente de Argentina y llevarlo a Israel. El mundo entero fue testigo del histórico juicio en 1961. 
 
Cuando se cumplen 70 años del término de la II Guerra Mundial, con el triunfo de las tropas de los países aliados,  hay huellas que permanecen aún abiertas. Hay que aprender de la historia, para que no se repitan hechos atroces. “A la caza de Eichmann” nos lleva a uno de los episodios más dolorosos de la humanidad, sin embargo, es importante recordar para defender los derechos fundamentales de todo ser humano. 
 
 
Este texto está clasificado como un ESPACIO de OPINIÓN.
 
 
Por Allen Panchana

Por Allen Panchana Macay 

[email protected] 

 

Adolf Eichmann era esquivo. Lo había sido por 15 años tras el fin de la II Guerra Mundial (1945). El otrora poderoso teniente coronel de las SS del Tercer Reich escapó de una Alemania convulsionada, de una Europa que despertaba, a un continente lejano. Pero la sed de justicia del naciente Estado de Israel permitió encontrar a uno de los peores asesinos de la historia. 

 

“A la caza de Eichmann” (Debate, 2012) se lee casi sin pestañear. El sagaz periodista estadounidense Neal Bascomb revela cómo una banda de sobrevivientes y una joven agencia de espionaje (Mossad) atraparon en Argentina a uno de los nazis más famosos del mundo. Y lo hace en una obra ampliamente documentada, párrafo a párrafo, pero que está escrita como un alucinante thriller, superando la ficción de Stig Larson o Tom Clancy. La investigación de Bascomb puede ser una tesis doctoral o una novela policiaca. 

 

“Eichmann se dedicó a su nuevo trabajo con su vigor característico. A su modo de ver, él no había decretado el aniquilamiento, pero era responsabilidad suya que se ejecutase con éxito. Cuantos más judíos enviaba a los campos de exterminio, mejor quedaba ante sus superiores y mejor servía al Reich. Eichmann se lució en la tarea, enviando a su destino fatal a millones de judíos de toda Europa. Pero a cada reto, a cada victoria, se obsesionaba más con su trabajo, se convencía más de la importancia de su tarea y dependía más del poder que ostentaba sobre la vida y la muerte”. 

 

El teniente coronel de la SS, Jefe de la Sección IVB (transporte) de la Oficina Central de Seguridad del Reich, fue responsable directo de la llamada solución final, un burócrata implacable que le aplicó una lógica de línea de producción al traslado de prisioneros a los campos de concentración.  

 

Eichmann logró eludir el juicio en Núremberg. No encontraron rastros de él por varios años, “había ocultado su identidad con tal pericia que los agentes del Mossad posicionados en la calle Garibaldi no estaban totalmente seguros de que fuese el hombre que pretendían capturar”. 

 

Pero aquel distante hombre que vivía en Buenos Aires era el asesino nazi más buscado. Y el Mossad armó un operativo para sacarlo de forma sorprendente de Argentina y llevarlo a Israel. El mundo entero fue testigo del histórico juicio en 1961. 

 

Cuando se cumplen 70 años del término de la II Guerra Mundial, con el triunfo de las tropas de los países aliados,  hay huellas que permanecen aún abiertas. Hay que aprender de la historia, para que no se repitan hechos atroces. “A la caza de Eichmann” nos lleva a uno de los episodios más dolorosos de la humanidad, sin embargo, es importante recordar para defender los derechos fundamentales de todo ser humano. 

 

 

Este texto está clasificado como un ESPACIO de OPINIÓN.

 

 

 

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