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¿Quién mató a Palomino Molero?

Redacción

tmenendez

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Jueves 19 de Marzo de 2015 - 14:11
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Por Allen Panchana Macay
 
 
Un terrible hallazgo: aquel joven soldado, cantante y enamorado, destinado en Piura (Perú), cruelmente torturado y asesinado. 
 
-¿Cantaba boleros? Entonces, tiene que ser el que te dije, primo –aseguró el Mono. 
 
-Es –asintió Lituma–. Lo averiguamos y es. Palomino Molero, de Castilla. Solo que eso no resuelve el misterio de quién lo mató. 
 
La voz del narrador atrapa al lector desde el comienzo: “El muchacho estaba a la vez ahorcado y ensartado en el viejo algarrobo, en una postura tan absurda que más parecía un espantapájaros que un cadáver. Antes o después de matarlo lo habían hecho trizas, con un ensañamiento sin límites…”. 
 
El escritor peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), Nobel de Literatura 2010, construye un relato que se convierte en un fiel reflejo de la sociedad de su país de los años cincuenta que, 60 años después, sigue mostrando las mismas heridas abiertas.  
 
La obra, publicada en 1986, está disponible ahora en una edición de pasta dura de Alfagura, y se constituye en una crónica difícil de soltar desde la primera página. Para quienes amen la Literatura Latinoamericana encontrarán un cierto aire con la mítica y aplaudida novela obra del fallecido Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada (1985).
 
En ambas se devela desde el inicio un hecho, pero el por qué, las motivaciones, quedan tan ocultas… Y por eso,  hay que llegar hasta el final. 
 
Vargas Llosa en las primeras líneas cuenta  el hecho atroz, sin rodeos: “…Tenía la nariz y la boca rajadas, coágulos de sangre reseca, moretones y desgarrones, quemaduras de cigarrillos, y, como si no fuera bastante, Lituma comprendió que también habían tratado de caparlo, porque los huevos le colgaban hasta la entrepierna…”. 
 
La historia de Palomino Molero se desarrolla en el desolado paisaje de la sierra andina de Perú, donde el agente Lituma y el teniente Silva deben investigar el asesinato, que esconde una cadena de mentiras y una verdad. Detrás del crimen se teje una maraña de prejuicios, abusos y desigualdades.  
 
La descripción, casi fotográfica, es uno de los puntales de la narración. El lector puede sentir que está viendo la escena. 
-¿Me ayuda a descolgarlo, don? –dijo Lituma. 
 
-Qué remedio –gruñó el taxista, santiguándose. Lanzó un escupitajo hacia el algarrobo-. Si me hubieran dicho para qué iba a servir el Ford, no me lo compraba ni de vainas. Usted y el teniente abusan porque me creen muy manso. 
 
¿Quiere que le resuma quién y por qué mataron a Palomino Molero? Pues no… Vaya a la librería más cercana y devore estas 207 páginas de una joya literaria y también un retrato de Latinoamérica. 
 
 
Este texto está clasificado como un ESPACIO de OPINIÓN.
 
 
 
 

Por Allen Panchana Macay

[email protected]

 

 

Un terrible hallazgo: aquel joven soldado, cantante y enamorado, destinado en Piura (Perú), cruelmente torturado y asesinado. 

 

-¿Cantaba boleros? Entonces, tiene que ser el que te dije, primo –aseguró el Mono. 

 

-Es –asintió Lituma–. Lo averiguamos y es. Palomino Molero, de Castilla. Solo que eso no resuelve el misterio de quién lo mató. 

 

La voz del narrador atrapa al lector desde el comienzo: “El muchacho estaba a la vez ahorcado y ensartado en el viejo algarrobo, en una postura tan absurda que más parecía un espantapájaros que un cadáver. Antes o después de matarlo lo habían hecho trizas, con un ensañamiento sin límites…”. 

 

El escritor peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), Nobel de Literatura 2010, construye un relato que se convierte en un fiel reflejo de la sociedad de su país de los años cincuenta que, 60 años después, sigue mostrando las mismas heridas abiertas.  

 

La obra, publicada en 1986, está disponible ahora en una edición de pasta dura de Alfagura, y se constituye en una crónica difícil de soltar desde la primera página. Para quienes amen la Literatura Latinoamericana encontrarán un cierto aire con la mítica y aplaudida novela obra del fallecido Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada (1985).

 

En ambas se devela desde el inicio un hecho, pero el por qué, las motivaciones, quedan tan ocultas… Y por eso,  hay que llegar hasta el final. 

 

Vargas Llosa en las primeras líneas cuenta  el hecho atroz, sin rodeos: “…Tenía la nariz y la boca rajadas, coágulos de sangre reseca, moretones y desgarrones, quemaduras de cigarrillos, y, como si no fuera bastante, Lituma comprendió que también habían tratado de caparlo, porque los huevos le colgaban hasta la entrepierna…”. 

 

La historia de Palomino Molero se desarrolla en el desolado paisaje de la sierra andina de Perú, donde el agente Lituma y el teniente Silva deben investigar el asesinato, que esconde una cadena de mentiras y una verdad. Detrás del crimen se teje una maraña de prejuicios, abusos y desigualdades.  

 

La descripción, casi fotográfica, es uno de los puntales de la narración. El lector puede sentir que está viendo la escena. 

-¿Me ayuda a descolgarlo, don? –dijo Lituma. 

 

-Qué remedio –gruñó el taxista, santiguándose. Lanzó un escupitajo hacia el algarrobo-. Si me hubieran dicho para qué iba a servir el Ford, no me lo compraba ni de vainas. Usted y el teniente abusan porque me creen muy manso. 

 

¿Quiere que le resuma quién y por qué mataron a Palomino Molero? Pues no… Vaya a la librería más cercana y devore estas 207 páginas de una joya literaria y también un retrato de Latinoamérica. 

 

 

Este texto está clasificado como un ESPACIO de OPINIÓN.

 

 

 

 

 

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