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Monseñor Romero

Redacción

jzapata

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Viernes 27 de Febrero de 2015 - 19:08
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  • Monseñor Óscar Romero fue un sacerdote salvadoreño que murió asesinado durante una misa.
Monseñor Óscar Romero fue un sacerdote salvadoreño que murió asesinado durante una misa.
OPINIÓN
 
Por Alfonso Espinosa de los Monteros
 
Un día del año 1975, en un canal de televisión de El Salvador, vi una escena espantosa que traía un reportero. En graderío de la Universidad, un número indeterminado de estudiantes era baleado por un "escuadrón de la muerte", de aquellos que estaban para ajusticiar subversibos.
 
Comenté la gravedad del asunto, con los periodistas y pensé que era la noticia para abrir el programa, pero no fue así. Me sorprendió que la noticia saliera escuetamente, pese a la crudeza documental de la imagen. El Director me explicó que los medios de comunicación estaban amenazados por el gobierno, por los paramilitares y por la guerrilla. Entendí entonces, por qué el estado de guerra civil no se reflejaba en la prensa.
 
Acompañé a un equipo a la cobertura de una misa de Monseñor Romero y le escuché hablar con suprema valentía ante un templo repleto de fieles. Condenó la violencia que venía de todas partes y criticó a los medios que cedían por miedo ¿o por convicción?, preguntaba. El era acusado por el gobierno y algunas medios de apoyar a la guerrilla.
 
Gobernaba el coronel Arturo Armando Molina, gracias a un escandaloso fraude. Era la ultra derecha pura y montó una fuerza paramilitar que, llegó a los cien mil hombres. Había dos grupos guerrilleros, el ERP y el FMLN. El país caía en pedazos por los enfrentamientos y el odio.
 
En corta conversación, Monseñor Romero me preguntó por Monseñor Proaño y alabó su obra. Defendía la opción de la paz y la de los pobres, como cristiano, hasta que murió asesiniado al pie del altar. Por eso, ahora es Mártir de la Iglesia.
 
* Las ideas expuestas en esta publicación son de responsabilidad del autor. 
 
Este texto está clasificado como un ESPACIO de OPINIÓN.
 
Esta columna fue publicada en la edición No.1138 de Revista Vistazo el pasado 27 de febrero de 2015.
 

OPINIÓN

 

Por Alfonso Espinosa de los Monteros

 

Un día del año 1975, en un canal de televisión de El Salvador, vi una escena espantosa que traía un reportero. En graderío de la Universidad, un número indeterminado de estudiantes era baleado por un "escuadrón de la muerte", de aquellos que estaban para ajusticiar subversibos.

 

Comenté la gravedad del asunto, con los periodistas y pensé que era la noticia para abrir el programa, pero no fue así. Me sorprendió que la noticia saliera escuetamente, pese a la crudeza documental de la imagen. El Director me explicó que los medios de comunicación estaban amenazados por el gobierno, por los paramilitares y por la guerrilla. Entendí entonces, por qué el estado de guerra civil no se reflejaba en la prensa.

 

Acompañé a un equipo a la cobertura de una misa de Monseñor Romero y le escuché hablar con suprema valentía ante un templo repleto de fieles. Condenó la violencia que venía de todas partes y criticó a los medios que cedían por miedo ¿o por convicción?, preguntaba. El era acusado por el gobierno y algunas medios de apoyar a la guerrilla.

 

Gobernaba el coronel Arturo Armando Molina, gracias a un escandaloso fraude. Era la ultra derecha pura y montó una fuerza paramilitar que, llegó a los cien mil hombres. Había dos grupos guerrilleros, el ERP y el FMLN. El país caía en pedazos por los enfrentamientos y el odio.

 

En corta conversación, Monseñor Romero me preguntó por Monseñor Proaño y alabó su obra. Defendía la opción de la paz y la de los pobres, como cristiano, hasta que murió asesiniado al pie del altar. Por eso, ahora es Mártir de la Iglesia.

 

* Las ideas expuestas en esta publicación son de responsabilidad del autor. 

 

Este texto está clasificado como un ESPACIO de OPINIÓN.

 

Esta columna fue publicada en la edición No.1138 de Revista Vistazo el pasado 27 de febrero de 2015.

 

 

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