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El difícil regreso a la zona de combate contra el Ébola

Redacción

tmenendez

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Martes 23 de Septiembre de 2014 - 12:10
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En unos días, habré vuelto a Guéckédou, una pequeña ciudad de Guinea de algo más de 100.000 habitantes, en el triángulo que forma este país con Sierra Leona y Liberia. Todo lleno de colinas de un verde espectacular.

 

Me pregunto cómo estará aquello. Cómo estarán nuestros compañeros guineanos, que ya estaban al límite de sus posibilidades cuando me fui.

 

Trabajar a ritmo de emergencias no es fácil. Es cansado y absorbente. Leo en los informes que el número de camas del centro de aislamiento se amplió a más del doble.

 

¿Cómo estarán Margarita o Pauline, que con tanto celo cuidaban a los pacientes?

 

Veo en diversos artículos que en algunos de los centros de Liberia no se puede administrar tratamiento intravenoso porque, simplemente, ya no hay capacidad para admitir a más pacientes.

 

¿En Gueckedou, se habrá tenido que adaptar también el manejo de los pacientes a esta situación?

 

Situación dantesca

Hacer lo mejor que podamos con los recursos que tenemos haciéndolo lo mejor que sepamos y sin perder el empuje de cambiar, de mejorar. Ese equilibrio entre la adaptación y la no aceptación de "esto es así porque sí". El dar un empujoncito cada vez. Eso es lo que nos mueve, lo que me mueve para continuar en este trabajo.

 

Pero, a veces, hay que dar un paso atrás porque no queda otra. Y eso frustra, mucho. No estamos preparados para eso. No lo estoy.

 

Y aquí, hay que darlos, porque la situación, como describen mis compañeros, es dantesca: pacientes muriendo en las calles o, peor, en las puertas de los hospitales.

 

No hay recursos y la comunidad internacional sigue sin dar respuesta aún, a pesar de que la alarma se dio hace meses.

Julia García

Julia esta determinada a tratar de cambiar y mejorar la situación.

 

 

A pesar de las resolución que se ha tomado estos días en el Consejo de Naciones Unidas de que "el Ébola es una amenaza para la paz y la seguridad mundial" y del anuncio del presidente estadounidense Barack Obama, aún sin fecha para hacerlo efectivo, de que va a mandar 3.000 soldados a las zonas afectadas y abrir centros especializados para tratar a 1.700 personas más, indigna saber que la respuesta está tardando tanto.

 

Me pregunto por Marcel, de cuarenta y tantos años. Vio morir a su suegro, a su esposa y dos de sus hijos en el plazo de 2 semanas.

 

Recuerdo que una vez que sus análisis dieron negativo y le dijimos que estaba curado, le costó salir del centro, como si le costara aceptar que estaba recuperado.

 

Supongo que tendría una mezcla de miedo y de sentimiento de culpa. No digo nada nuevo. Está descrito cómo cuesta ese cambio mental de dejar de ser víctima y pasar a ser superviviente y como esto puede conllevar sentimientos negativos.

 

Y es que no son sólo palabras. Son conceptos.

 

Parte psicosocial

Ser superviviente connota una dignidad, horizontalidad e, incluso, admiración y triunfo. La palabra víctima conlleva derrota, verticalidad y cierta dosis de "¡Ay, pobrecito!". Y eso no siempre es fácil de transmitir.

 

Y una cosa es ser superviviente biológico de la enfermedad y, otra, un superviviente sociológico. Una persona capaz de integrarse en una sociedad aterrorizada que usa la estigmatización como defensa.

 

Soy médica, me encanta mi trabajo. Me apasiona. Aprendí hace tiempo a compaginar el interés profesional con la humanidad y empatía que mi profesión necesita. No es incompatible. Pero aquí, sé que la actividad clave para acabar con esta epidemia sin precedentes es la parte psicosocial.

 

Psicólogos, sociólogos, promotores de la salud, médicos y enfermeros que hablen con pacientes y familiares. Gente que sepa ponerse en el lugar del otro, ver desde su miedo y dolor, desde la incertidumbre y la frustración. Que expliquen por qué, cómo y dónde. Que derriben barreras con palabras. Que convenzan al siguiente caso sospechoso que se encuentren para que venga al centro de aislamiento, explicándole que así tendrá más posibilidades de curarse y que es importante que no contagie a otras personas.

 

Gente como la que hace que personas como Marcel puedan volver a casa y sentirse un superviviente en toda la amplitud de la palabra: enhorabuena Marcel, eres uno de esos 350 pacientes que se han curado en los centros de tratamiento de MSF (Médicos sin Fronteras).

Mujeres en Liberia

 

 

 

 

BBCMundo.com

 

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