Inicio ·BBC · Artículo

Un inodoro para combatir enfermedades

Redacción

tmenendez

|

Martes 23 de Septiembre de 2014 - 9:45
compártelo

 

 

La epidemia hizo que se mirase a los baños con desconfianza y muchos vecinos pidieron a la ONG que se fueran de sus barrios y se llevasen los inodoros.

 

"En Haití, cuando le hablas a la gente de baños, les da miedo", lamenta Jimmy Louis, coordinador de Servicios Higiénicos de SOIL.

 

Pero la organización optó por hacerle frente a las críticas y concienciar a la población de la importancia de la higiene.

 

Hoy, más de 7.000 haitianos tienen accesos a sus baños ecológicos.

 

"La enfermedad de los pobres"

Uno de ellos es Midi Idemon, un estudiante de 30 años del barrio de Gerald Bataille, en Puerto Príncipe, que no duda en decir que los baños ecológicos han hecho la vida de su familia más digna.

 

"Antes de tener estos baños, había una letrina comunitaria. No era bueno porque había gente que no limpiaba, olía mal y había más riesgo de contraer infecciones", explica el joven que cada semana está encargado de recorrer las calles de tierra de su barrio para comprobar que todos los baños ecológicos funcionen.

 

"Con este proyecto, tenemos una vida mejor porque por la noche, puedes levantarte, abrir la puerta e ir al baño; y también puedes limpiar tu propio baño".

 

Para Paul Christian Namphy, coordinador de la Dirección Nacional de Agua Potable y Saneamiento (Dinepa), el proveer a la población de formas ecológicas de saneamiento es un aspecto importante para prevenir el cólera y una iniciativa muy prometedora para el futuro de Haití.

 

"El cólera es la enfermedad de los pobres, de los marginados, la enfermedad de quienes durante siglos no han tenido acceso a lo mínimo que se necesita para tener una existencia digna", asegura.

 

"Tenemos que asegurarnos de que la gente tiene acceso a agua potable y a servicios sanitarios básicos y que conoce las prácticas de higiene para cortar la cadena de transmisión".

 

Precisamente para acabar con efermedades como el cólera, SOIL recoge los excrementos de las comunidades y casas de sus usuarios cuatro veces al mes y los lleva a una planta de compostaje donde mueren las posibles bacterias.

 

Para que se convierta en abono apto para el uso agrícola, el compost debe permanecer entre 8 y 12 meses en montones a altas temperaturas (más de 54 grados Centígrados) a las que incluso las más peligrosas bacterias no sobreviven.

 

Se cierra el círculo

"Es como un círculo: comer, ir al baño y después devolvérselo a la naturaleza. La idea principal es reciclar los recursos", dice Louis, el coordinador de Servicios Higiénicos de SOIL.

 

Este fertilizante orgánico, que ya está siendo vendido a algunos agricultores locales, también se usa en los jardines de las sedes de SOIL donde producen productos tan variados como maíz, espinacas, papas, pimientos o arroz y están probando cómo funciona con otros productos como calabacines o frijoles.

 

En un país donde, según el Programa Mundial de Alimentos, cerca de un tercio de la población sufre de inseguridad alimentaria y 600.000 personas necesitan asistencia alimenticia externa para sobrevivir, iniciativas como esta pueden ayudar a combatir un gran problema.

 

Y eso es lo que Frantz Francois trata de hacer desde su jardín comunitario de Cité Soleil, donde enseña a niños y jóvenes a crear su propio huerto con llantas de autos viejas y con abono orgánico.

 

"Casi todos los vecinos de Cité Soleil vienen del campo, así que, en lugar de ir a la calle a vender agua u otras cosas, aprenden a tener un jardín en su casa".

 

 

BBCMundo.com

 

SUSCRÍBETE Y RECIBE LOS TITULARES

* campos requeridos
Frecuencia Correos *
Le recomendamos