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¿Cómo quitan la borrachera en Rusia?

Redacción

tmenendez

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Jueves 19 de Junio de 2014 - 12:50
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Y si se echaba un vistazo a una sala de emergencia en cualquier hospital de Rusia un domingo por la tarde, se veía un camión cargado de individuos magullados con manchas de sangre y suciedad.

Más allá de cómo se veían, todos tenían algo en común: olor a alcohol (y muchas veces combinado con orina), sobre todo, del más barato.

Pero los borrachos, con frecuencia, eran propensos a agredir y atacar al personal de los hospitales, que en su mayoría son mujeres.

Fue debido a este panorama que el Ministerio del Interior y el de Protección de la Salud de Rusia decidieron reabrir las estaciones antiborrachos.

En marzo de 2014 empezaron con el lanzamiento de estos centros en las ciudades de más de 100.000 habitantes.

Otra de las razones se debe a que el crimen perpetrado por borrachos en 2013 se incrementó, así como el número de accidentes fatales de tránsito causados por conductores ebrios, a pesar de las duras multas.

Además, la cámara baja del parlamento ruso, la Duma, ya había sugerido en septiembre pasado restablecer estos centros debido al aumento de los casos de muerte de borrachos en las estaciones policiales.

En las películas

En las siete décadas que las estaciones antiborrachos estuvieron abiertas, millones de hombres y mujeres vivieron la experiencia de haber sido desintoxicados en estos centros. Sus experiencias se convirtieron en la trama de varias películas rusas y soviéticas.

Una de ellas es "El Maratón de otoño", una triste historia de amor, adulterio, amistad, conflicto generacional y dignidad profesional. Trata de un profesor danés de literatura rusa y traductor de Dostoyevsky llega a Leningrado para trabajar con un colega ruso.

En un día de otoño, los dos académicos, junto a su compañero de tragos, un plomero, toman vodka. Después, el trío sale a un bosque cercano a recoger hongos.

El anfitrión se aburre y se marcha a casa. El danés y el plomero continúan la juerga hasta que el extranjero termina en una de estas estaciones.

Su colega ruso, alertado por el plomero, se apresura a liberar al danés que más tarde comenta que la experiencia fue una excelente oportunidad para aprender una gran cantidad de jerga rusa.

Tradicionalmente, la experiencia en la estación antiborrachera se recrea en las películas rusas con una triste simpatía hacia las almas buenas... aunque perdidas.

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