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¿Pueden los bombardeos aéreos derrotar a Estado Islámico?

Redacción

tmenendez

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Miércoles 08 de Octubre de 2014 - 11:24
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  • Algunos dudan que los bombardeos aéreos puedan detener la ofensiva insurgente.
Algunos dudan que los bombardeos aéreos puedan detener la ofensiva insurgente.

 

¿Es suficiente lanzarle bombas desde el aire a miles de combatientes en el terreno para derrotarlos?

 

La pregunta cobra relevancia en momentos en que Kobane, una estratégica ciudad en la frontera entre Siria y Turquía, batalla para no caer en manos del grupo autodenominado Estado Islámico.

 

Además, crecen las dudas sobre su efectividad pese a que este martes otro país, Canadá, anunció que se sumaría a esas operaciones desde el aire sobre territorio iraquí.

 

La coalición contra EI lanzó este martes bombardeos contra los yihadistas en Kobane, un enclave de mayoría kurda, mientras que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que los ataques aéreos no son suficientes para vencerlos.

 

El mandatario aseguró que también debía haber cooperación con quienes pelean en el terreno.

 

Erdogan no es el único en reconocer que se necesita algo más para hacerle frente a los alrededor de 30.000 combatientes de Estado Islámico que controlan partes del territorio de Irak y Siria.

 

Soldados turcos

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que los ataques aéreos no son suficientes para frenar a Estado Islámico.

 

 

"El poder aéreo por sí solo no va a ganar una campaña como esta", le dijo a la BBC Dave Richards, ex jefe del Estado Mayor de Defensa de Reino Unido.

 

"No es en realidad una operación antiterrorista. Se trata de un enemigo convencional, ya que tiene blindados, tanques, artillería (...) es bastante rico, domina territorio y va a dar pelea. Así que, por lo tanto, uno tiene que verlo como una campaña militar convencional", agregó.

 

Lejos del "shock y pavor"

 

La campaña aérea encabezada por Estados Unidos contra Estado Islámico desde comienzos de agosto es diferente a muchas de las que tuvieron lugar en los últimos años.

 

Y está muy lejos de la doctrina del "shock y pavor": ese despliegue militar a gran escala y abrumador utilizado en la invasión de Irak de 2003.

 

El éxito de esta campaña no se debe medir solo por el tonelaje de las bombas o el número de ataques aéreos. El poder aéreo es importante pero, en última instancia, es un elemento de apoyo, explica Jonathan Marcus, analista diplomático y de defensa de la BBC.

 

Lea también: La batalla contra Estado Islámico por la estratégica ciudad de Kobane

 

Su primera tarea fue detener el impulso de los yihadistas y comenzar el proceso de degradar la organización.

 

Kobane

Kobane, un importante enclave kurdo en el norte de Siria, está parcialmente sitiado por los yihadistas de Estado Islámico.

 

 

Derrotarlos parece ser un objetivo más factible a mediano y largo plazo.

 

Y eso ocurrirá cuando las fuerzas locales estén capacitadas, requipadas y sean capaces de pelear con EI sobre el terreno.

 

Ataques limitados

 

Estados Unidos golpea centros de comando de EI en Siria y sus aliados árabes hacen lo mismo con refinerías para afectar las fuentes de recursos del grupo en las áreas que controla.

 

En Irak, EE.UU. recibe el apoyo de bombardeos aéreos británicos y franceses. Australia realizó su primera misión el lunes y el Parlamento de Canadá debate su participación este martes.

 

Dos aviones de combate Rafale

En Irak, EE.UU. recibe el apoyo de bombardeos aéreos británicos y franceses.

 

 

Pero el número de bombardeos es limitado e incluso atacar desde el aire no es fácil.

 

Las armas de los combatientes de EI pueden estar bien camufladas cuando no las están usando y sus observadores pueden identificar con facilidad a las aeronaves estadounidenses.

 

El brigadier Ben Barry, analista de guerra terrestre en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés), asegura que los problemas en torno a Kobane ilustran "no tanto la falta de un componente en tierra, pero la falta de una verdadera capacidad de sincronizar el esfuerzo aéreo con lo que está ocurriendo sobre el terreno".

 

"Hay un argumento potente –añade– para tener fuerzas especiales occidentales sobre el terreno en el papel de un control aéreo avanzado para ayudar a guiar a los aviones a sus objetivos".

 

Y quizá, explica Marcus, el problema resida en la cantidad de aviones que participan y en las bases utilizadas. Más aviones, y más bases cercanas a la acción, serían de ayuda.

 

Misiones de combate

Por lo pronto, los combatientes de EI se han tenido que adaptar a una situación más peligrosa.

 

Kobane

Más de 160.000 sirios, en su mayoría kurdos, huyeron de Kobane en las últimas tres semanas.

 

 

Pero, ¿qué tanto se ha detenido el impulso de EI?

 

A juzgar por lo que ocurre en Kobane, no mucho.

 

Es justo decir que la imagen es mixta: con líneas de batalla que se han mantenido estáticas pero también con avances de los yihadistas.

 

Así que si el objetivo inicial de las operaciones aéreas es tratar de aliviar la presión sobre las fuerzas kurdas e iraquíes en el terreno, todavía es demasiado pronto para declarar la misión un éxito.

 

En cualquier caso, la mayoría de las misiones de combate son para recolectar inteligencia.

 

Las otras misiones

 

En muchos sentidos, mucho más importante será la misión de reforzar a las fuerzas iraquíes y a los rebeldes sirios considerados moderados en el terreno.

 

Restablecer la credibilidad del ejército iraquí, previamente entrenado y equipado por Estados Unidos, tomará tiempo.

 

Soldados del ejército de Irak

Restablecer la credibilidad del ejército iraquí, previamente entrenado y equipado por Estados Unidos, tomará tiempo, aseguran analistas.

 

 

Siria es diferente. Aquí el mantra de los gobiernos occidentales es el de darle poder a la "oposición moderada" para contrarrestar a EI.

 

Pero vetar, seleccionar y entrenar incluso a unos pocos miles de combatientes probablemente lleve más de un año.

 

Aunque sean eficaces, tendrán dos frentes: EI y el régimen del presidente sirio, Bashar al Asad.

 

Y la coalición para combatir al grupo es más amplia que profunda.

 

"Muchos países lo ven como un medio para la consecución de sus propios objetivos en la región: un enemigo común en realidad no ofrece un interés común", señala Marcus.

 

Esta es una región que enfrenta profundos problemas: la fragmentación de las estructuras estatales, divisiones fundamentales entre el Irán chiita y los Estados árabes sunitas, por no hablar del complejo vínculo entre Turquía y los kurdos.

 

El conflicto cerca de su frontera en Kobane ilustra la ambivalencia del gobierno turco.

 

Se opone al gobierno de Asad y, aunque ve a EI como una amenaza, no está cómodo con dar la imagen de que fortalece el poder del presidente sirio ni tampoco le interesa fortalecer la capacidad militar de los kurdos, con quienes el gobierno en Ankara mantiene un viejo conflicto.

 

"Pero con los yihadistas en su frontera, Turquía va a tener que decidir cuáles son sus intereses. Una extensa campaña contra Estado Islámico no sólo requiere una sostenida actividad militar sino también cohesión política", agrega el analista de la BBC.

 

Batalla de ideas

 

Así que esta es una ofensiva donde muchas de las grandes preguntas todavía no tienen respuesta.

 

Estado Islámico puede ser degradado desde el aire. Podría ser posible derrotarlo en el terreno, al menos en Irak.

 

La destrucción de su ideología es otra historia.

 

El grupo surgió de una rama de Al Qaeda en Irak, derrotada por Estados Unidos y tribus sunitas.

 

Combatiente de Estado Islámico en Siria

El peligro es que, aunque derrotado, el grupo Estado Islámico simplemente se transforme en otra organización.

 

 

Esa victoria generó la semilla para la formación de EI.

 

Y el peligro es que, aunque derrotado, se transforme en otra organización, señala Marcus.

 

Charles Lister, investigador en el Centro de Doha Brookings, señala: "Es poco probable que el poder aéreo consiga algo más que la contención. Los ataques aéreos representan una reacción a corto plazo necesaria pero no son la solución a largo plazo", le dijo a la BBC.

 

"La militancia extremista siempre existirá –añade–, pero se nutre de políticas fallidas y de sociedades divididas. Siria e Irak subrayan esta realidad tan clara como el día. Resolver estas raíces es el verdadero reto que se tiene por delante".

 

 

 

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