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Escocia: la "bestia" que remeció a Reino Unido y lo cambió para siempre

Redacción

bbc

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Viernes 19 de Septiembre de 2014 - 0:19
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  • El No a la independencia se impuso 55%-45% al Sí.
El No a la independencia se impuso 55%-45% al Sí.

 

Acostumbrados a votar en medio de una jornada laboral, muchos escocesesmadrugaron e hicieron cola incluso antes de la apertura de los centros de votación a las 7:00 hora local (6:00 GMT).

 

Iglesias, cafés, centros comunitarios, clubes deportivos, hoteles, y centros artísticos: todo sirvió como centro de votación.

 

En uno de ellos a cinco minutos a pie del castillo de Edimburgo, en el Hotel Roxburghe, alrededor de las 9 de la mañana, empecé ver el llamado “voto tímido” del No, esa mayoría silenciosa que no hizo tanto ruido pero terminó celebrando.

 

En la puerta una mujer en sus cincuenta repartía volantes con la inscripción “No, gracias”.

 

Pero prefiere no hablar sobre el referendo. “No soy buena argumentando”, se defiende.

 

A su lado, Peter, hace campaña por el Sí.

 

“Es el día más importante de mi vida”, dice emocionado este abogado de 54 años. “Es nuestra oportunidad de recuperar nuestro país después de 300 años”.

 

“Sin importar el resultado, Escocia va a cambiar para bien, sólo por el hecho de toda la gente alejada de la vida política del país que se involucró en el proceso”, agrega.

 

La visibilidad del Sí

En la calle bastaba con mirar a alguien y preguntarle, si es que no llevaba algo que lo identificara, “¿Sí o No?”.

 

No había otro tema.

 

Aunque algunos casi que lo gritaban.

 

Para el Sí siempre se trató de ser visibles. Eran los que tenían que hacer ruido, mostrarse, convencer y sumar.

 

Dos años atrás el independentismo tenía un 27%, durante gran parte de la campaña estuvo a 15 puntos del No, y recién al final –por méritos propios y errores ajenos– logró acercarse hasta inquietar al unionismo.

 

El Sí estaba presente en Edimburgo en banderas escocesas, en carteles en casas, pubs, tiendas, en pegatinas y broches en la ropa de la gente.

 

Si el Sí era la expresión emotiva de un sueño, de una esperanza, de un cambio, el No podía pasar como la opinión temerosa de ser estigmatizado, como un rechazo al salto al vacío, como un voto por el statu quo.

 

Sonrisa en el rostro, pegatina en el pecho, entusiasmo en los ojos y ganas, muchas ganas, de explicar su voto, sus sueños, y las ambiciones de una Escocia independiente.

 

Esa era la imagen del Sí.

 

El No era sinónimo de timidez, de perfil bajo, de explicar casi en voz baja y a veces a regañadientes los beneficios de no desmembrar a Reino Unido.

 

Casi que incomodaba preguntarles.

 

“Este país no será igual”

“¿Dónde están los No? No los veo”, me dice Paul, parado en la misma esquina del centro de Edimburgo en la que asegura se ha pasado todos los sábados, y varias noches entre semana, desde que hace casi dos años se acordó un referendo.

 

Allí repartía folletos, hablaba con la gente, convencía votantes.

 

Lleva los cinco dedos de la mano derecha con pegatinas del Sí.

 

En los 15 minutos que hablo con él, reparte cuatro: “El No es el ´voto tímido’, no aparecen”.

 

Este analista de datos de 54 años está convencido de que Escocia ya había ganado como país antes de que se conocieran los resultados.

 

“Escocia estaría mejor con más poderes, es lo que necesitamos. Estamos orgullosos de nuestro país y somos capaces de gobernanos nosotros mismos”.

 

“Pero aunque gane el No, este país no será igual. Y cuando en Londres entiendan esto, también será positivo para el resto del país. Ya no podrán pensar sólo en ellos. Eso es bueno, muy bueno”.

 

El estigma del No

“Mi corazón me dice Sí, pero mi cabeza me dice No. Me gusta el concepto, la idea (de una Escocia independiente), pero no veo que vaya a funcionar en la práctica. Todavía estoy indeciso, pero probablemente termine votando por el No”.

 

El que habla es un hombre de unos 30 años, prefiere no decirme su nombre, tampoco quiso que lo filmara, aunque accedió a una fotografía.

 

Aprovechó el descanso laboral al mediodía para acercarse con su amigo Cameron a las afueras del Parlamento.

 

Trabajan en finanzas y no quieren exponerse.

 

Les pregunto si hubo un estigma con el hecho de ser votante del No durante la campaña.

 

“Sí, no ha sido fácil. Mira aquí. Somos menos visibles en las calles, explica con pesar Cameron, quien lleva una pegatina del No, y señala a la gente alrededor.

 

Él no tiene dudas con su voto. Asegura que la independencia es un “salto al vacío”, menciona las grandes incertidumbres, los riesgos económicos y que es mejor que Reino Unido se mantenga así, “unido”.

 

“Creo que las cosas van a mejorar, independientemente de quién gane. Aunque gane el No, vamos a conseguir más autonomía para el Parlamento escocés. Y creo que este fenómeno no sólo se va a dar en Escocia, sino también en Inglaterra, y eso es bueno para Reino Unido”.

 

Un rato antes me había cruzado con Emily, estudiante de derecho de 19 años, con broche del No, a quien tuve que convencer para que explicara a cámara sus motivos.

 

“Aquí no, hay mucha gente del Sí, un poco más allá”, decía nerviosa antes de contar que piensa que Escocia está “mejor” siendo parte de Reino Unido porque no tiene los recursos suficientes y ya tiene suficientes poderes.

 

“Es riesgoso, bastante riesgoso”.

 

Emily teme por el costo de la matrícula universitaria en una Escocia independiente.

 

La universidad ahora, a diferencia del resto de Reino Unido, es gratuita.

 

“Y, honestamente, –añade– me entristecería, mi padre es inglés, no quiero que en parte sea de otro país”.

 

George, de 52 años, es otro que habla de tristeza.

 

“Es un día triste para Escocia. Tuvimos la oportunidad, y no estoy seguro de que pueda volver a votar por la indepedencia de mi país. Sólo espero que esto no se detenga aquí, que obtengamos más poderes y demostremos lo que podemos hacer por nosotros mismos”.

 

Y lanza una advertencia: “Espero que toda la gente joven, y la gente en general que se involucró en política por primera vez no se desmotive”.

 

Cambio, sin dirección clara

Su mensaje tiene un punto, pero el referendo parece haber despertado a una generación, además de haber sido un llamado de atención de que Londres debe acordarse del resto de Reino Unido.

 

Y todo indica que habrá una reacción.

 

El referendo forzó un debate y generó una movilización no vista en décadas en estas tierras.

 

Estimuló un proceso de cambio en Reino Unido. Escocia tampoco será igual.

 

La dirección exacta y el desenlace es difícil de prever.

 

Pero en las calles de Edimburgo, los Sí y los No, divididos en campaña, encontraron motivos para ver el porvenir con optimismo.

 

 

BBCMundo.com

 

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