Inicio ·BBC · Artículo

Carreras de abejas vs. palomas y otros singulares deportes victorianos

Redacción

tmenendez

|

Domingo 10 de Agosto de 2014 - 11:26
compártelo

 

 

 

 

A finales de 1900, el minero y dos de sus amigos fueron a pescar en el canal de Wednesfield, en el centro de Inglaterra.

Para inclinar la balanza a su favor, y quizás para reducir una cansona espera hasta que algo picara, el trío tuvo la idea de probar un método innovador: usarían gelignita.

Podría haber funcionado, si Arthur no hubiera detonado el cartucho mientras trataba de arreglar la tapa con su cuchillo.

¿El resultado? Tres hombres horriblemente heridos. "La violencia de la explosión quedó evidenciada por el hecho de que había un gran charco de sangre al lado del canal", informaron los diarios Manchester Courier y Lancashire General Advertiser.

"...Y por el hecho de que un pedazo de Watkins también se encontró en el lugar", añadieron las publicaciones.

Locuras del cricket

Fue idea del doctor Finch. Un partido de cricket en un día de verano. ¿Qué podía ser más agradable?

 

Así que reunió a un grupo de amigos.

Personalmente eligió al equipo contrario. Lo cual explica cómo fue que, en los jardines de su asilo privado en Wiltshire -en el suroeste de Inglaterra-, terminó llevándose a cabo un partido que se conoció como el de "los cuerdos contra los locos".

El equipo del doctor Finch, que incluía a un expaciente, arrancó con mal pie, con un primer inning pobre y un segundo peor.

Unas horas después, los internos se elevaron victoriosos, ganando con 61 carreras.

"¿Dirá esto algo de los pacientes, en términos de cuerpo y mente?", preguntaba el diario The Salisbury and Winchester Journal, en junio de 1849, burlándose del marcador.

Ciclismo matrimonial

En el Tour de Francia, los competidores corren por el famoso maillot amarillo. En el Giro de Italia, los ciclistas batallan por el rosado. En la Vuelta a España el líder viste de rojo. Y en New Jersey, a finales del siglo XIX, la codiciada prenda era blanca. Blanca como un vestido de novia, para ser exactos.

Según una nota publicada en el Cheltenham Chronicle, dos trabajadoras de fábrica organizaron una carrera en bicicleta por un esposo en 1899.

"La carrera se llevó a cabo porque eran rivales por la posesión de los afectos de cierto joven -decía el periódico- y el premio era el joven mismo".

Y así salieron, a toda mecha por la ruta de tres kilómetros, seguidas por cualquiera sea el nombre que se le dé a una partida de orondos ciclistas de sombrero y traje, incluidas parejas en bicicletas dobles.

Los honores fueron para una mujer llamada Nellie, quien completó el circuito en cuatro minutos y medio.

"El premio de la joven esperaba al final del recorrido", decía el Chronicle. "Él y la ganadora se abrieron paso a través de la multitud hasta donde estaba un pastor esperándolos, pues habían contratado sus servicios de antemano, y en la presencia de cientos de espectadores se convirtieron en marido y mujer".

Lucha de osos

Había diez chelines para el ganador. Una buena suma de dinero, allá en 1890. Así que esa noche del sábado, en el music hall de Londres, John Picton aceptó el reto.

¿Qué tan difícil puede ser?, debió haber razonado. Todo lo que tenía que hacer era: a) superar los nervios; b) subirse al escenario y c) luchar con un oso y tirarlo al suelo.

Las partes "a" y "b" parecieron suceder sin aspavientos. Pero -y usted, querido lector, ya se me habrá adelantado, sin importar cuán rápido pueda yo teclear la historia- la "c" resultó problemática.

El oso -no hay ni qué decirlo- tiró a John al suelo. Murió de las heridas en el hospital de Londres. Nadie se llevó los 10 chelines.

 

 

BBCMundo.com

 

SUSCRÍBETE Y RECIBE LOS TITULARES

* campos requeridos
Frecuencia Correos *
Le recomendamos