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La lucha desesperada de una madre brasileña para que no fusilen a su hijo

Redacción

tmenendez

|

Viernes 13 de Marzo de 2015 - 14:36
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  • Rodrigo Gularte con su madre, Clarisse.
Rodrigo Gularte con su madre, Clarisse.
Es una carrera contra el tiempo. Rodrigo Gularte es brasileño, pero hoy se encuentra en el corredor de la muerte de una prisión de Indonesia y su familia está tratando desesperadamente de convencer a las autoridades de sacarlo de allí.
 
Gularte, de 42 años, fue condenado por tráfico de drogas, cargo por el cual deberá hacer frente al pelotón de fusilamiento en una fecha inminente pero no revelada.
 
Pero su familia dice que tiene esquizofrenia y necesita ayuda médica, no una condena a muerte.
 
Gularte pasa la mayor parte de su tiempo en la prisión de Nusakambangan solo, hablando con las paredes, imaginando fantasmas o escuchando voces, dicen sus familiares y amigos.
 
Rodrigo Gularte
Gularte fue arrestado en 2014.
 
Fue arrestado en 2004 mientras trataba de ingresar al país 6 kilogramos de cocaína escondidos dentro de tablas de surf.
 
Fue condenado a muerte un año después.
 
"Me sangra el corazón"
Ahora él está entre 10 presos, entre ellos dos australianos, condenados en lo que se conoce como "Bali Nueve", una red de tráfico de drogas. Todos serán ejecutados.
 
Si se realiza el fusilamiento, será el segundo brasileño que se ejecutará este año en Indonesia.
 
Su madre Clarisse, de 70 años, lo vio por última vez en febrero y lo encontró perturbado.
 
"Me sangra el corazón. Está totalmente deprimido y sólo habla cosas inconexas", le dijo a BBC Brasil.
 
¿Enfermo mental?
En 2014, la familia de Gularte contrató a un equipo de especialistas que le diagnosticó esquizofrenia paranoide y dijo que sufría de delirios y alucinaciones.
 
En consecuencia, recomendó su traslado a un hospital para recibir tratamiento.
 
Un informe de otro grupo de médicos confirmó la evaluación inicial.
 
Gularte con su prima y con su madre.
Gularte con su prima Angelita Muxfeldt (a la izquierda) y su madre, quienes han tratado de convencerlo de recibir apoyo médico.
 
A principios de este mes, las autoridades indonesias encargaron su propio informe sobre la salud mental del brasileño.
 
Tony Spontana, el portavoz del fiscal general de Indonesia, le dijo a la BBC la semana pasada que estaban esperando los resultados del informe para confirmar si Gularte tiene o no una enfermedad mental.
 
La familia sostiene que el artículo 44 del Código Penal de Indonesia establece claramente que un prisionero con un trastorno mental no puede ser ejecutado.
 
Están tratando desesperadamente de convencer a las autoridades indonesias de su precaria salud mental.
 
"El error más grande"
Gularte nació en una familia acomodada en la ciudad brasileña de Foz de Iguazú.
 
Los familiares del surfista lo recuerdan como un joven amable que cayó en depresión y se involucró en las drogas tras el divorcio de sus padres cuando tenía 13 años.
 
Rodrigo Gularte
Su prima, Angelita Muxfeldt, lo ha visitado con regularidad desde que fue arrestado.
 
Ella ha estado en Indonesia desde enero tratando de demostrarles a las autoridades que su primo es un enfermo mental.
Muxfeldt dice que sus padres vieron los primeros síntomas de una enfermedad mental durante la adolescencia de Gularte. Ella cree que las drogas y la depresión fueron una mezcla explosiva que otros hicieron explotar.
 
Gularte fue detenido en el aeropuerto de Yakarta en 2004 junto con otros dos hombres.
 
Se echó toda la culpa de las drogas escondidas dentro de las tablas de surf que llevaba, lo que permitió que los otros dos quedaran en libertad.
 
Muxfeldt dice que su primo "no estaba plenamente consciente de lo que estaba haciendo". "Creemos que fue acosado por los traficantes internacionales debido a su estado mental", asegura.
 
"Este viaje fue su error más grande", añade.
 
Fantasmas
Muxfeldt dice que su primo quedó sin representación legal durante el juicio después de que su abogado se escapara con el dinero que le había pagado para representarlo.
 
Dice que después de haber sido condenado a muerte trató de quitarse la vida.
 
Durante años, la familia ha tratado de convencerlo para recibir tratamiento en una prisión hospital en el continente, pero él se niega ya que, argumenta, será atacado en el camino.
 
"Él dice: 'Voy a estar con los ojos vendados, esposado. Hay francotiradores en la isla y voy a terminar muerto a tiros camino al hospital'", explica Muxfeldt.
 
"Él se queda solo y tranquilo todo el tiempo. Se habla a sí mismo. Nadie quiere quedarse con él en la celda porque habla con fantasmas. Es delirante".
 
Quienes lo han visto recientemente dicen que está constantemente hablándole a las paredes y dice oír voces que provienen de satélites, según él.
 
La familia dice que ha perdido 15 kg en el último tiempo porque se niega a comer por miedo a que la comida esté contaminada.
 
También está convencido de que no lo ejecutarán, incluso después de ver su nombre en artículos periodísticos que lo enlistaban entre los condenados a muerte.
 
Muxfeldt lo describe como un hombre divorciado de la realidad: "Él vive en su propio mundo y dice que toda esta charla sobre la ejecución no es real".
 
Atención de los medios
La familia de Gularte ha hecho todo lo posible para dar a conocer su destino, con la esperanza de que ayude al caso.
Grupos de derechos humanos han instado a Indonesia a revisar su condena. Incluso Amnistía Internacional pidió que se cancelen las ejecuciones.
 
Rodrigo Gularte
Gularte fue arrestado junto a otras dos personas, pero se echó toda la culpa.
 
Pero la presión internacional ha tenido poco efecto en el pasado y las relaciones entre Indonesia y Brasil han sido tensas desde la ejecución de otro preso brasileño.
 
Marco Archer Cardoso Moreira fue ejecutado en enero por intentar contrabandear 13 kg de cocaína en el país.
 
Brasil retiró a su embajador y la presidenta Dilma Rousseff se negó recientemente a aceptar las cartas credenciales del nuevo embajador de Indonesia en Brasil.
 
El presidente de Indonesia Joko Widodo argumenta que su país se enfrenta a una "emergencia en drogas" y ha rechazado cualquier petición de clemencia.
 
Mientras tanto, la familia de Gularte espera con temor el resultado de las pruebas médicas que parecen ser la única esperanza de que el brasileño escape del pelotón de fusilamiento.
 
"Está enfermo. No estamos mintiendo", suplica su prima.
 
 
BBCMundo.com

 

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